Ratas de despacho
Estaba ayer leyendo el dominical del ABC. En portada, un reportaje sobre los tres grandes bufetes de abogados de España. Hablaban acerca del tiempo que te llevaría conseguir ascender a socio, lo que le exigen a los jóvenes talentos que entran a trabajar, y mencionaban, con orgullo, que pertenecer a la plantilla de estos despachos es el sueño de cualquier abogado. Entonces yo me he hecho una fundamental pregunta: ¿En qué consiste verdaderamente ese sueño?
Desgraciadamente conozco bien la forma de trabajar de estas empresas. Te prometen, a cambio de trabajo duro, un buen puesto en 10 años. (¡¿10 años?! ¿10 años de tu vida amargado trabajando más que nadie?) ... Cobrar una auténtica pasta, tener prestigio profesional y abrirte las puertas de ese mundo.
¿A cambio de qué? De trabajar una media de 14 horas diarias. De no comer muchos días, de borrar el tiempo libre. De contar el fin de semana como dos días laborables más. Y lo que es más grave: conseguir que todo tu mundo esté centrado en el trabajo. Se encargan de que, disfrazados bajo la forma de los juguetes de las nuevas tecnologías, los nuevos juniors puedan estar siempre conectados con el trabajo. Con las blackberrys pueden leer los correos electrónicos, vitales en este tipo de trabajos al servicio del cliente. ¡Así no tienen excusa de no haberse enterado de algo porque estaban disfrutando de un día libre...!pero cada día llegan a peor: no recuerdo en qué despacho habían contratado un servicio en el móvil para que los empleados pudieran acceder a las bases de datos de la empresa, estén donde estén...que estás en República Dominicana, país más lejano al que has podido escaparte...pues aunque te escondas entre las hojas de una de las enormes y altísimas palmeras viendo el precioso paisaje no estás a salvo, no...¡¡en cualquier momento pueden llamarte al móvil!! “sí si, estos móviles tienen cobertura mundial”-me comentaba con orgullo un inocente abducido del trabajo.
Ese pobre abducido se sentía completamente a merced de sus clientes, pero no hacía nada por evitarlo. Se plegaba a sus deseos. Recuerdo que hace unos meses era fiesta nacional en España. Estábamos en su casa viendo la tele. De pronto, a las 18.00h de la tarde, sonó el móvil. Dejaron un mensaje en el contestador. Él se levantó como un resorte y escuchó atentamente el mensaje. “Es un cliente norteamericano. Me dice que aunque sabe que en España es fiesta, me pide que vaya a la oficina a pasarle unos informes”. Yo le contesto riéndome: “¡ese tío está grillado!” Pero él ha desaparecido. Vuelve al minuto completamente vestido y con la tarjeta del trabajo en la mano. “No pensarás irte ¿verdad?, ¿no pensarás hacer caso a un inhumano que, sabiendo que es fiesta y que estarás celebrándolo, te pide que le pases unos informes que además pueden esperar a mañana?”. “Tengo que hacerlo, qué le voy a hacer?”- “Pues hacer como que no has escuchado el mensaje”. Pero ya es demasiado tarde. Él ya está saliendo por la puerta.
Lo peor de todo esto, lo que más rabia me da, es que muchos caen en esa dinámica de ansia de trabajo desmedido, de aspirar así al prestigio y reconocimiento laboral. al dinero. Jóvenes responsables que se encuentran de pronto sumergidos en esa vorágine de la que ya no pueden salir. Gente de cuya laboriosidad y responsabilidad las empresas se aprovechan. Los convierten en ratas de despacho. Y es muy difícil salir de ahí, conseguir que esas personas vean que por muy atractivo que sea el dinero que pueden llegar a cobrar, el estilo de vida no se parece en nada a una vida normal. Es muy difícil hacerles comprender que por mucho que les presionen con un futuro prometedor, cuando estén cargados de billetes y con un CV envidiable no van a tener más tiempo libre que ahora. Seguirán trabajando igual. Levantarse y al trabajo. Comer en media hora y vuelta al trabajo. Salir a las 22.00 de la noche, a cenar y a la cama. ¿Para qué sirve el dinero si no puedes ni ir de compras para gastártelo? ¿Con quién van a ir de compras si dejan por el camino amistades y noviazgos, que les estorban porque les impiden centrarse del todo en el único objetivo posible, el trabajo?
Cuando lleguen a los 40 años y sufran stress, depresiones, inicios de alcoholismo y soledad completa, tal vez alguna de estas ratas de despacho que sabía de muchas cosas acerca de economía y abogacía pero que no aprendió nunca priorizar en su vida las cosas que realmente importaban, se preguntará si realmente mereció la pena ese esfuerzo. Y es una pena, ya está hecho. . Pero..enhorabuena..¡eres socio del despacho!

2 Comments:
La verdad que veo claramente por qué has escrito este post... Pero lo triste es que es cierto, hay mucha gente en el mundo que sufre esta enfermedad, qué le vamos a hacer! Yo recuerdo que mi padre pasó por momentos realmente horribles en ese aspecto, me acuerdo cómo estando de vacaciones en la playa tuvo que salir corriendo del agua para coger el móvil y mirar unas audiencias en el ordenador... Muy triste, pero lo importante es saber reaccionar a tiempo...
Y si no es así....¿qué podemos hacer los demás?
Nada.
Efectivamente... hay mucha gente currando por dos duros muxisimas horas extras... pues mas tontos son ellos que trabajan por promesas que nuca se cumplirar por que habra un reajuste en laempresa e iras a la puta calle... pero vamos, que sigan asi... los mas ricos del cementerio con un TV de plasma que no pueden ver por que no estan en casa...
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